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20 octubre 2014

La trampa de Riazor


Este domingo volvía la liga para el Valencia tras el parón de selecciones. Le tocaba viajar a Coruña para jugar en Riazor ante el Deportivo de la Coruña. El partido era de esos que dicen ser trampa. Tal vez la situación del "Depor" no era la más idónea para recibir a un equipo que se alzaba en uno de los puestos más altos de la clasificación, concretamente el 2º a 2 puntos del Barcelona, pero los de Víctor Fernández supieron jugar.

No fue nada raro ver a un Deportivo muy encerrado, era de esperar. Tampoco fue nada novedoso ver que renunciaban a tener la posesión del partido, es normal. Lo que más cabe destacar fue el sacrificio de los jugadores, la tela de araña que tejió perfectamente con el doble pivote como muro principal y sobretodo las rápidas contras que aprovecharon.

Lo fácil es decir que el Valencia jugó mal. No lo niego, de hecho es el peor partido que he visto esta temporada, pero también es de bien dar merito al buen juego del Deportivo.

Doble pivote clave


Lo primero que nos tenemos que fijar para entender la victoria por 3-0 del Deportivo ante el Valencia es en el esquema táctico. No jugó con 5 defensas, ni tampoco renunciaba al ataque ya que jugaba con Cavaleiro, Cuenca, Farinha y Pérez arriba en un claro 4-2-3-1.

La velocidad de Cavaleiro fue mortal de necesidad para un Mustafi que no estuvo nada contundente como se pudo comprobar en el segundo gol del conjunto gallego al no saltar con anticipación ante un rival que era 10 cm más bajo que él.

Las ayudas por banda también se hicieron notar y es que Cuenca puso en más de una ocasión en apuros al joven Gayà. 

Pero lo que más me llamó la atención fue el muro de contención que levantaron el doble pivote. Una pareja formada por el bosnio Medunjani y el polaco Wilk. Ambos estuvieron a las mil maravillas haciendo la única tarea que tenían ordenada. Juntarse bien con la linea de defensa, no perder la posición y presionar pero en forma escalonada para no dejar ningún hueco.

La clave del doble pivote fue tal que Filipe Augusto no acaba de estar a gusto y encima recibió una amarilla tras varias perdidas por frustración. El síntoma más claro fue ver a Parejo ir hacía la posición de los centrales para poder tocar el balón ya que más adelante no había manera de poder recibir. Ese dato supuso el suicidio del juego ofensivo del Valencia.

Otro dato de interés tras ver que Parejo estaba totalmente tapado y gris, es ver a Otamendi sacar el balón jugado desde atrás e incluso llegar más allá del medio campo para intentar combinar con los hombres de ataque. Tampoco funcionó.

Tres piezas clave en tres posiciones clave


Cuando un equipo no funciona en un partido y encima encaja 3 goles se mira rápidamente al portero pero yo creo que esta vez Yoel, el cual debutaba, no tuvo culpa. 

La clave de la derrota fue ver inoperancía de decisiones, debilidad defensiva y lagunas en ataque. Traducido sería que Mustafi no estuvo contundente como anteriormente he dicho, Parejo estuvo totalmente desaparecido, Filipe Augusto no llegó a la altura de André Gomes y Piatti ni pudo aparecer con lo consecuente Alcácer se quedaba siendo una isla.

Tres jugadores, uno por cada línea, fallaron. Suficiente para que un equipo no consiga nada ante un adversario que tenía como única opción encerrarse y esperar las oportunidades.